Reseña en el sitio web NEOFATO

lundi 8 juin 2009
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Neofato

Los Gimenólogos en Huesca

Gime ...¿qué ? me pregunté, en mi ignorancia, cuando recibí el email - invitación de la CNT para conocerlos.
Gimenólogos : Entiéndanse los chiflados que se quedaron prendados de Giménez y propagan el contagio (Autodefinición contenida en la Introducción del libro "Recuerdos de la guerra de España", de Antoine Giménez, p.13). Una definición más al uso los identifica como estudiosos, basados incialmente en el testimonio de Antonio Giménez, de los hechos acaecidos en la España de la Guerra Civil y de los protagonistas anonimos o muy poco conocidos de los mismos. De hecho, la Gimenología, disciplina que no cesa de extenderse, se define como ciencia que estudia las andanzas de los ilustres y utópicos desconocidos. Pues bien, este grupo de historiadores-investigadores no profesionales estuvieron en Huesca para presentarnos la edición española de la obra "Del amor, la guerra y la revolución", del mencionado Antonio Giménez, completado por el otro volumen titulado "En busca de los Hijos de la Noche", y que es una recopilación de notas y comentarios del primero.
Por cierto, el texto de Antonio Giménez se adaptó al teatro y a la radio (en formato de serial).

Vale. Muy bien. Pero, ¿quien es ese Antonio Giménez ?
A esta pregunta , tras la oportuna presentación de Raúl Mateo, responderá la pareja de oradores compuesta por Myrtille Gonzalbo y Vincent Roulet.
Ella a la voz, en un español perfectamente comprensible, y él al ordenador manejando las diapositivas que se proyectan a su espalda, comenzaran su disertación revelando que Antonio Giménez nació como Bruno Salvadori en Italia, en 1910, que desde muy jóven se enfrentó a los camisas negras fascistas y se empapó de ideología libertaria, convirtiéndose, por rebeldía y necesidad, en una especie de vagabundo aventurero, un marginal que encontró (según confiesa él mismo) en Pina de Ebro su ser revolucionario.
Myrtille nos avanza que este hombre que terminaría con el nombre de Antonio Giménez se alista en el Grupo Internacional de la Columna Durruti (mucho antes de que las Brigadas Internacionales llegaran) y que, por su testimonio escrito, tenemos referencias de personajes de dicho grupo, de sus discusiones y alegrías, de su concepto del combate, de sus batallas ganadas y perdidas, y de sus experiencias revolucionarias.
Incide Myrtille en que el libro "Del amor , de la guerra y la revolución" es un libro directo, claro y de contenido nada ambigüo. Un libro, casi una especie de diario, en el que se relatan con absoluta libertad expresiva las polémicas surgidas por la militarización de las milicias, el trato a los prisioneros, las declaraciones (que el autor tilda de patéticas) de Montseny y Oliver solicitando a los cenetistas que bajen sus armas, las colectivizaciones y otros aspectos de la cotidianeidad del frente. También el amor entre trincheras y el sexo forman parte de la narración ; unos encuentros que Antonio describe con claridad de detalles y que debió ser causa de no publicación de la obra por parte de alguna otra editorial.

Se atenúa la luz. Myrtille y Vincent abren el álbum de fotos que, como en reunión familiar, van mostrando una a una ; para todas tienen algún comentario, bien propio o bien entresacado del libro de Antonio.
Así conoceremos a miembros de la familia Valero Labarta, la familia acogedora de Antonio en Pina de Ebro ; sabremos que el capitán Berthomieu instó a rechazar la ejecución de prisioneros bajo amenaza de irse ; descubriremos el valor del pacifista Carlo Scolari que jamás dejaba un compañero herido sin rescatarlo y que acudía desarmado al combate ; asistiremos al ,desde la prespectiva del tiempo, jocoso episodio de la miliciana Simone Weil evacuada del frente tras ser herida por unos huevos fritos ; descubriremos la vileza en Lucio Ruano, compañero y sucesor de Durruti, que utilizó su puesto para robar impunemente a campesinos y fusilar,bajo acusación de deserción, a milicianos ; nos sorprenderá la sangre fría de Justo Bueno, amigo del anterior y que lo asesina junto a su hermano y las amantes de ambos ; contemplaremos horrorizados el trágico final de la enfermera y artista Mimosa ; contemplaremos el rostro del fascista enemigo del Duce, Pietro Paolo, de extraña historia cercana al espionaje ...
Historias duras de hombres y mujeres en mezcolanza de acciones viles y sublimes, de sexo apresurado y reparto de calzado a niños sin nada, de prostitución y justicia expeditiva al modo mafioso. Historias de egoísmo y entrega a los demás, de atracadores convertidos en libertadores y de soñadores insomnes. Sucesos de Barcelona, de Pina de Ebro, de Farlete, de La Perdiguera ...
Tras casi una hora y media de charla, el proyector se apaga. Esto no termina aún ; lo hará unas horas después, tras leerme los dos tomos que han sido presentados. Literatura brutal, contenido crudo, descripciones durísimas de escenas ante las que el mismísimo Tarantino cerraría los ojos, salvajismo incomprensible ... Escritura panfletaria y anticlerical (hay que situarse en la época, claro) a veces, casi tierna y mística otras. En suma, decenas de preguntas que se suscitan.
Quizás los gimenólogos, en su eterna marcha sobre Zaragoza, puedan encontrar alguna respuesta.

Para saber más de este grupo, clik en ... www.gimenologues.org

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Algunos fragmentos de las obras comentadas


Los disparos, efectuados desde lo alto del campanario y desde el convento, despertaron el odio y la sed de venganza : se inició la caza del cura. ¿A cuantos mataron ? Lo ignoro. Pero me acuerdo todavía de uno de ellos, con cuerpo de atleta, que caminaba delante de dos campesinos, repitiendo :

" No me matéis, por piedad, soy padre de familia ..."

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Una doble descarga lo derribó por tierra. Uno de los homicidas le dio el golpe de gracia diciendo :

" Toma, cabrón".


(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 28)

Había una zapatería en la plaza de la iglesia. El comerciante empezó a regalar zapatos a un niño, después a otro, pero como haciá falta probárselos, nos pidió ayuda.Fuimos cinco o seis los que nos transformamos en vendedores de zapatos y recuerdo que reclamábamos de los más pequeños un besazo y de los grandes un apretón de manos. Era bastante caro para los pequeños, porque teníamos una barba de tres días.
(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 42)

Cuando la Columna Durruti salió de Barcelona, arrastró consigo a casi todas las prostitutas de Cataluña y las enfermedades venéreas producían estragos en las filas de las centurias. Durruti hizo retirar a todas las mujeres, salvo a aquellas que habían venido con sus compañeros y cuya conducta era irreprochable. Pero incluso entre estas últimas, muchas abandonaron el frente para ir a trabajar a la retaguardia.
(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 52)

Durruti era intransigente con la conducta de los hombres que estaban bajo su responsabilidad. Hizo fusilar al responsable de una centuria (Carrillo, militante de la FAI) por haberse quedado con joyas que ofreció a su compañera. La coquetería de ésta no encontró nada mejor que hacer que visitar a su hombre, ataviada con las joyas que le había regalado.Al ser interrogada confesó que Carrillo las encontró en casa de una personalidad de Barcelona y, en lugar de remitirlas al sindicato, prefirió ofrecérselas.
(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 78)

Nos precipitamos a las troneras. Creí volverme loco, cerré los ojos sintiendo que el estómago me saltaba a la boca. Tenía gnas de vomitar. Allá abajo, entre el polvo, dos cuerpos yacían ensangrentados ; con el vientre abierto, los intestinos salían por la herida abierta y se extendían por el suelo. Estaban desnudas y todavía vivían... Sus manos trataban de contener sus intestinos.
Augusta... Mimosa ... Alguien me apartó de la tronera : era Cartagena, al cual vi apoyar su fusil en el hombro y escuché dos detonaciones...
(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 105)

Barcelona aumentóa aún más mi amargura : las ramblas bullían de gente, la prostitución se había enseñoreado de la gran ciudad... Los milicianos de permiso, reconocibles por el mono que habían adoptado, llenaban las calles con sus cantos y sus risas sin darse cuenta que su causa había sido traicionada y la revolución estaba muerta...Ya sólo quedaba la guerra contra el fascismo, la guerra entre dos formas de esclavitud.
La peste del dinero había iniciado de nuevo su labor.
(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 118,119)

El asesinato de Durruti había debilitado seriamente mi ardor combativo, Con mis amigos Scolari,Giua, Otto, Mario y Ritter formábamos un pequeño núcleo refractario a la militarización y a la disciplina que ello llevaba aparejada. Pablo sabía que podía contar con nosotros para misiones peligrosas, a condición de que no nos pidiera que hiciéramos aquello que siempre nos habíamos negado a hacer, incluso al precio de nuestra libertad o de nuestro bienestar material. Casi todos éramos insumisoso o desertores.
(Del amor, la guerra y la revolución. Antonio Giménez. p. 157)