DURRUTI EN EL LABERINTO

Réédition
samedi 28 mars 2009
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Par Miguel AMOROS

DURRUTI EN EL LABERINTO

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Invitation à la Librairie Torcatis

Miguel Amoros réédite son “Durruti en el laberinto” en une version revue et largement augmentée, avec une bibliographie actualisée

Une présentation est prévue le 10 avril 2009 dans la librairie Torcatis de Perpignan en présence de Miguel

Voici en avant-première le nouveau prologue de cette édition, suivi de deux articles de Rodolfo González Pacheco et de Felipe Alaiz. A la fin de l’ouvrage, on trouvera le poème d’une des éminentes participantes du groupe Mujeres Libres, Lucía Sánchez Saornil.

Les Giménologues, 28 mars 2009

DURRUTI EN EL LABERINTO
Prólogo de la edición castellana

La historia de nuestra guerra civil está llena de cuestiones cuya resolución objetiva es una necesidad para aquellos que luchan contra la destrucción del conocimiento histórico emprendido desde el poder, porque la liquidación de la memoria histórica asociada al proletariado significaría la eliminación de toda perspectiva revolucionaria. La figura de Durruti, en tanto que personificación de la revolución proletaria anarquista de 1936 concentró muchas de esas cuestiones, verdaderas heridas del movimiento libertario, que en su propio beneficio conviene mantener abiertas y hurgar en ellas. Si duelen, es signo de que sus ideas perviven. Esas ideas no tienen precio. Quienes trataron de venderlas, se vendieron sólo a sí mismos. El anarquismo o es radical o no es nada. Ahí está la verdadera ortodoxia. Sin embargo en los tiempos del espectáculo y la cultura de masas el pasado vendría ser una mercancía moderna, consumible como cualquier otra. Un objeto cultural de entretenimiento asequible en cuadernos coleccionables, DVDs o series televisivas. La banda de historiadores de la universidad ya no tiene por función la falsificación o la ocultación del pasado como hacían los estalinistas, sino su conversión en espectáculo. El primer paso de esa preparación para el consumo ha sido la museificación. La historia para la pandilla universitaria sería un enorme panteón de cadáveres a los que se podría despedazar y analizar como se haría con las momias de Egipto. La distancia que nos separa de ellos sería tan fabulosa que nada habría que temer. El punto de vista forense certificaría el lejano momento de la defunción y desplegaría un abanico de hipótesis a escoger. Ese aspecto “plural” es el marchamo de la mercancía ; en el espectáculo importa poco la moraleja. Se trabaja para el olvido pero de otra manera : si los historiadores estalinistas se servían del presente para reescribir el pasado, los actuales expertos de universidad se sirven del pasado para mistificar el presente. La historia-espectáculo legitima la dominación como si ésta no tuviera que ver con aquél ; embalsamando cadáveres, el poder quiere mostrarse como el heredero legal de los vencidos y no como el vencedor de la víspera. Como buen usurpador, quiere que no se sepa que es un recién llegado, que su pasado es reciente, que prácticamente no tiene historia. Que está ahí porque nadie se decide a echarlo. Un buen ejemplo ha sido el “socialismo libertario” que hace unos años sacó de la chistera el presidente Zapatero. La mercantilización espectacular de la guerra civil correspondería a una pérdida total del sentido histórico en las masas, vacías y atemorizadas. No obstante dicha pérdida no es completa y por lo tanto, tiene remedio. Todavía la historia no es de quien la manipula. Durruti morirá sólo si triunfa su mitificación, de modo que su lugar real quede sin cubrir.

Artículo de Rodolfo González Pacheco

“El anarquismo es, primero que todo, una posición : el hombre libre. Por querer serlo es su lucha con el medio, mundo o trasmundo, metafísica o prejuicio que le niegan o le oprimen. Su doctrina, el comunismo anarquista, es un sentido, no un tópico : un resplandor de su sangre y no una entelequia sociológica. Está en ella y la milita y la vive, y ése es su drama : que el impulso de su vida, poderosa o delicada, al expresarse en su acción, puede revelar, para unos, la huída imagen de un santo y, para otros, la enmarañada estampa de un bandido.
Éste es el hombre que aún no ha captado la historia, ni intuido el arte, y a cuyo paso escupen o se hacen cruces los papanatas (los periodistas). De él, de su oscuro camino que, de tanto en vez, alumbra su odio al tirano o su amor al pueblo, no sabe ni siente nadie que no sea otro libertario. Como Reclus, el tierno, sabía de Ravachol, el dinamitero.
Y que lo ignoren tampoco importa. Y menos que nunca ahora, cuando ideas, sentimientos y adjetivos están de vuelta hacia los instintos. Bueno o malo, vil o noble, no expresan nada. El burgués, con su cinismo, avergonzó honra y deshonra. Han quedado las palabras ; las cáscaras de una pulpa que se ha volcado hacia adentro, a la raíz de la especie. ¡Mejor ! De allí volverán mañana más sabrosas y fragantes. Más esenciales. Para esto es también la guerra con los dientes apretados y la esperanza del triunfo hasta en los gusanos de nuestros muertos.
Durruti, santo o bandido, no es, jamás fue, el real, el Durruti nuestro. Eso es caricatura o leyenda : las dos estampas barrocas tras de las que siempre estuvo, erguida en su tragedia o en su poema, la imagen militante del anarquista. Y ésta no la ve ni la capta nadie más que nosotros.
Ha muerto el hombre. Frente a su noble jornada, que no tuvo más salario que el de su odio al tirano y su amor al pueblo, meditemos un momento : ¿Qué fue Durruti ?... Un compañero, cuyo vacío hay que cubrir como, a su tiempo, cubrió él el de otro. Llorarlo sería llorarnos. Y ahora estamos en la hora de hacernos al rojo vivo ; de que la sangre y las lágrimas se nos vuelquen hacia adentro, a la raíz del coraje. ¡En marcha ! ¡Avante !”

Artículo de Felipe Alaiz

“Lo ejemplar de Durruti fue su protesta airada –mucho más lo hubiera sido de seguir viviendo—contra la traición de la retaguardia endiosada en las poltronas, que pudo determinar el combate eficientemente contra el salvajismo franquista y no lo hizo. Lo ejemplar de Durruti fue su actitud contra la militarización (...) Lo ejemplar de Durruti fue su llaneza tan en oposición a las fantasías de los graduados repentinos. Lo ejemplar de Durruti fue su voluntad de entera autonomía para los núcleos económicos que se iban formando en Aragón junto a la misma línea de fuego, y no con una nueva etiqueta de Confederación Nacional del Trabajo, sino con su espíritu superado y galvanizado con inmediatos y buenos ejemplos. Lo ejemplar de Durruti era su adversa opinión al militarismo galoneado que, después de perder todas las guerras, hace imposible la paz.
Tal eran en Durruti los motivos de acción contra Franco. De estar en todas las mentes, de ser los combatientes mismos y no los políticos metidos en tinteros los gestores de la guerra, ésta no se hubiera perdido. No hubiéramos perdido a Durruti ni a sus compañeros de infortunio, ni ahora perderíamos el tiempo discutiendo los galones que hay que ponerse.”

Mujeres Libres

Lucia Sanchez Saornil

ROMANCE DE DURRUTI
¿Qué bala te cortó el paso
maldición de aquella hora,
atardecer de noviembre
camino de la victoria ?

Las Sierras del Guadarrama
cortaban de luz y sombra
un horizonte mojado
de agua turbia y sangre heroica.
Y a tus espaldas Madrid,
el ojo atento a tu bota,
mordido por los incendios,
con jadeos de leona,
tus pasos iba midiendo
prietas el puño y la boca.

¡Atardecer de noviembre,
borrón negro de la Historia !

Buenaventura Durruti
¿Quién conoció otra congoja
más amarga que tu muerte
sobre la tierra española ?

Acaso estabas soñando
las calles de Zaragoza
y el agua espesa del Ebro
caminos de laurel-rosa,
cuando el grito de Madrid
cortó tu sueño en mal hora...

Gigante de las montañas,
donde tallabas tu gloria,
hasta Castilla desnuda
bajaste como una tromba
para raer de las tierras
pardas la negra carroña,
y detrás de ti, en alud,
tu gente, como tu sombra.

Hasta los cielos de Iberia
te dispararon las bocas.
El aire agitó tu nombre
entre banderas de gloria

— canto sonoro de guerra
y dura canción de forja—
y una tarde de noviembre
mojada de sangre heroica,
en cenizas de crepúsculo
caía tu vida rota.

Sólo hablaste estas palabras
al filo ya de tu hora.
Unidad y firmeza amigos
¡para vencer hais de sobra !

Durruti, hermano Durruti,
jamás se vio otra conjoja
más amarga que tu muerte
sobre la tierra española.
Rostros curtidos del cierzo
quiebran su durez de roca ;
como tallos quebradizos
hasta la tierra se doblan
hércules de firme acero.
¡Hombres de hierro sollozan !

Fúnebres tambores baten
apisonando la fosa.
¡Durruti es muerto, soldados,
que nadie mengüe su obra !

Se buscan manos tendidas,
los odios se desmoronan,
y en las trincheras profundas
cuajan realidades hondas
porque a la faz de la muerte
los imposibles se agotan.

— Aquí está mi diestra, hermano,
calma tu sed en mi boca,
mezcla tu sangre a la mía
y tu aliento a mi voz ronca.
Parte conmigo tu pan
y tus lágrimas si lloras.
Durruti bajo la tierra
en esto espera su honra.
Rugen los pechos hermanos.
las armas al aire chocan.
sobre las rudas cabezas
sólo una enseña tremola.
Durruti es muerto. ¡Malhaya
aquél que mengüe su obra !


Lucía Sánchez Saornil