El anarcosindicalismo enfrentado a sus pretensiones anticapitalistas 1910 - julio 1936
Desde la escisión de la Primera Internacional hasta la Gran Guerra, el anarquismo fue […] el refugio de todos aquellos que no aceptaban ni la integración del movimiento obrero en la reproducción dinámica del capital, ni el sacrificio del objetivo final
(F. Danel, Rupture dans la théorie de la révolution).
En mi trilogía, intento una aproximación a la pregunta ¿por qué el movimiento obrero y campesino en España siguió siendo radicalmente anticapitalista, mientras el sindicalismo revolucionario entraba en una fase de regresión en el mundo después de 1914 ? Tema poco tratado en Francia. Y lo sitúo en un contexto más amplio : el de la relación capital-trabajo en los siglos XIX y XX, con sus ángulos muertos.
En mi primer volumen he relatado unos momentos clave del encuentro entre la práctica de los proletarios españoles y las ideas anarquistas durante la Primera Internacional. En el segundo, sigo de cerca los flujos y reflujos del proceso revolucionario que se desplegó en el seno de la CNT. Veremos como resistió a la integración del trabajo vivo en la dinámica de reproducción del capital.
En 1919, la CNT se convirtió en la primera organización de masas de carácter revolucionario. Estaba vinculada orgánicamente a los grupos de afinidad, células de base del movimiento anarquista, profundamente arraigadas en la comunidad obrera de los barrios. En su segundo congreso la Confederación reactivó el proyecto CL, y este objetivo constituará su « especificidad ».
He señalado en el vol I la dureza de las polémicas entre anarco-colectivistas y anarco-comunistas, tanto en la teoría como en la práctica. Con esta segunda entrega, seguimos el largo periodo de gestación del anarcosindicalismo durante los años veinte. Esa síntesis fluctuante compuesta de sindicalismo revolucionario y de anarquismo fue muy discutida. Dio lugar a fuertes tensiones internas, ligadas a la polaridad entre el posibilismo sindicalista y la intransigencia anarquista, ya observada en el periodo precedente. En consecuencia, el propio término « anarcosindicalismo » no fue reconocido oficialmente hasta 1931, durante el tercer congreso de la CNT.
Las polémicas continuarán sobre el contenido del proyecto CL.
Con sus múltiples subtendencias, variaciones y confusiones de líneas en función de la coyuntura y de la personalidad de los militantes implicados, esta fractura tendrá repercusiones en la naturaleza del anticapitalismo de la CNT. Más precisamente, el proyecto de salida del capitalismo de tipo CL - sin fase de transición, con la abolición del Estado, del trabajo asalariado y del mercado - se enfrentó al revisionismo de una parte de la militancia cenetista, según la cual la clase « obrera » debía adaptarse al « panorama económico-industrial del mundo », antes de plantearse suceder a la burguesía.
Para estos militantes, el sindicalismo se bastaba a sí mismo, y había que abandonar las « viejas » visiones comunalistas, agraristas y anarquistas.
Por su lado, los partisanes de estas últimas visiones argumentaban así :
"El industrialismo obrero es la constatación del « materialismo histórico », llevado al terreno de la lucha de clases. Y ese camouflage revolucionario […] debe ser destruido por los anarquistas. […] Si quisiéramos planear la organización libertaria futura, tomaríamos siempre la comuna con ventaja sobre la base industrial ."
(Abad de Santillán /López Arango, El anarquismo en el movimiento obrero, 1925).
Hubo muchas otras polémicas dentro del movimiento libertario, pero hablaré de este debate en particular, que aparece de manera evidente en los años veinte y treinta. En mi opinión, merece ser más conocido por su rareza en el mundo laboral.
Presento en mi libro tres momentos decisivos de esta discusión doctrinal, en relación con los tres últimos congresos de la CNT, vinculándola a las luchas en los lugares de trabajo y en la calle.
Siempre criminalizados por las clases propietarias, los proletarios privilegiaron la acción directa : huelgas generales con ataque contra los esquiroles – en 1917 se vieron obligados a vivir separados protegidos por la Guardia Civil– , huelgas comunitarias de mujeres, sabotajes y destrucción de propiedades, « atentados sociales » colectivos e individuales contra patronos y capataces, insurrecciones etc.
Al mismo tiempo, trataron de mantener vivas prácticas de solidaridad, de apoyo y de autoeducación.
Myrtille